Siempre con secretos y misterios, nuestros amigos de Barcelona supieron mantener la tensión del sitio donde iríamos a comer en una magnífica mañana de octubre. Como siempre, el sitio es lo de menos; lo más importante es la compañía. Sin embargo, cuando se logra aunar ambos puntos la experiencia es más que positiva. Así lo fue una vez se desveló el misterio: El restaurante donde comeríamos era el Pez Vela. Un par de pistas dadas "sin querer" y tres coches dirigiéndose hacia el imponente Hotel W no podían llevarnos a otro sitio.
Pez Vela nos apetecía mucho. Las referencias del restaurante no pueden ser mejores. Sus fundadores Rosa María Esteva y Tomás Tarruella han logrado montar un grupo de restauración (Grupo Tragaluz) que destaca por la innovación en su puesta en escena, en este caso la de un chiringuito. Hace poco, además, lo pudimos comprobar en el Negro-Rojo y en esta ocasión lo hicimos en el Pez Vela.
La reserva era a las cuatro. Veníamos de un opíparo y deseado almuerzo en la Taberna de la Companyia d'Alella, por lo que podían más nuestras ganas de sentarnos juntos alrededor de una mesa que nuestro hambre. Sea como fuere, hicimos hambre dando una vuelta por el paseo mientras nos preparaban la mesa. A pesar de que este año el verano se ha prolongado mucho, éste se acaba y, aunque fugazmente, pisar la playa por última vez te lleva a recordar las vacaciones y pensar que las próximas están más cerca. Pisamos la arena durante la espera y nos hicimos la última foto de grupo en la que salimos relativamente morenos antes de entrar en el otoño.
Acudimos al restaurante y la espera se prolongó quizás más de lo que hubiéramos deseado. Mientras, veíamos pasar grandes sartenes con diversos arroces. Sí, necesitábamos comer, no hartarnos, pero comer. La espera mereció la pena y nos ubicaron en una de las mesas que da al mar. Buena música, buen ambiente y buena gente. Un par de aperitivos ligeros y dos arroceras: Una de arroz negro y otra de arroz abanda, riquísimas y sabrosísimas ambas. En cualquier otro momento podrían haber sido escasas, pero nos parecieron muy proporcionadas al almuerzo que habíamos hecho apenas dos horas antes.
Hubiésemos querido no tener que levantarnos de la mesa. Quedarnos en Barcelona al menos un día más, hasta el lunes. Yo lo podría haber hecho porque, sin querer, tenía billete para el 10... Pero la obligación llama. Teníamos que volver. Pero como todo es cíclico, algún día, más pronto que tarde, también volveremos a al Masnou y a Vilassar, iremos a Barcelona y pasearemos por el puerto. No sé si volveremos pronto al Pez Vela, pero seguro que probaremos más restaurantes del Grupo Tragaluz.

Un placer formar parte de este post, la ubicación del restaurante lo hace muy recomendable, comer/cenar, con vistas del litoral barcelonés, no tiene precio!!!
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