miércoles, 1 de febrero de 2012

Flash Flash Madrid

Y llegó 2012. Y pasaron las vacaciones de Navidad. Y volvimos al trabajo. Y volvieron los viajes entre Barcelona y Madrid. Y nos volvimos a ver. Y Charlas entre amigos nos volvimos a juntar para comer (en esta ocasión, más bien para cenar). ¿Y dónde fue? En Flash Flash Madrid.

Charlas nos había recomendado acudir al Gastrofestival que se celebraba en Madrid, una mezcla entre oferta gastronómica y cultural, con menús a 25 y 40€ y exposiciones donde se relaciona la gastronomía con el mundo de la pintura, el cine y el teatro. Una de las paradas del festival era Flash Flash Madrid. El lugar nos venía bien a todos, cerca de casa y con un precio asequible. El menú fue el siguiente:

Primer plato:
- Cocktail de bienvenida Flash
- Tosta de jamón de Bolonia con queso fundido
- Croqueta de jamón ibérico y pollo
- Tortilla de trufa y queso

Segundo plato (a elegir):
- Hamburguesa Monty
- Espinacas salteadas con pasas y piñones

Postre:
- Pudin de brownie con chocolate

La verdad es que todo fue in crescendo, desde la comida hasta la atención. El inicio con el cocktail no era nada esperanzador. Aún hoy nos preguntamos qué brebajes contenía aquel líquido color Fairy que más de una no se atrevió a probar. Tampoco el segundo. Las tostas de jamón resultaban bastante simples. Las croquetas mejoraron y la tortilla nos hizo reencontrarnos con el restaurante. Por algo se llama Flash Flash Tortillería. Jugosas y sabrosas estaban las tortillas, incluso al día siguiente. Doy fe porque me llevé un par de ellas en un tupper ante el temor de algunas de las comensales a ser incapaces de poder con la hamburguesa. Al final pudieron.

Respecto a la atención, sólo puedo decir que ésta fue "curiosa". Extraña al principio, divertida al final. Nos atendió un camarero cubano que intentaba ser divertido desde el inicio. Resultaba chocante porque no teníamos confianza con él (aunque a algunos nos cuesta muy poco granjeárnosla). El caso es que se la fue ganando y ganando y pasábamos un gran rato cada vez que se acercaba a la mesa. Lamentamos que al acabar su turno no se despidiera de nosotros.

En fin, esto es parte de lo que pasó en Flash Flash Madrid, sólo parte, porque como no soy un "Gossip Boy" hasta aquí puedo leer. No puedo desvelar datos ni identidades de quiénes fuimos, de lo que hablamos ni de quién conoció a quién. Sólo puedo decir que la próxima será en Barcelona.



FLASH FLASH MADRID

Núñez de Balboa, 75
Madrid
Teléfono 915 751 010
http://flashflashmadrid.com/

martes, 31 de enero de 2012

Próximamente en Charlas Entre Amig@s

Próximamente en Charlas entre amigos, el reencuentro en Madrid en Flash Flash Tortillería para disfrutar del Gastrofestival. También desde Barcelona en una noche gélida en La Flauta. Y por último la experiencia de Burgers&Gins desde La Royale.

No os lo perdáis.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Madrid Restaurant Week 2011

Cuando Charlas hace una recomendación hay que escucharla. Esta semana nos recomienda visitar alguno de los restaurantes de la Madrid Restaurant Week 2011 (MRW). La de este año es la quinta edición del evento, que sigue los pasos de Nueva York, Río de Janeiro o Londres. Entre los días 4 y 13 de noviembre más de 50 reconocidos restaurantes abren sus puertas a un precio especial de 25€ gracias al sello de calidad "Sabor del Año" y el Patronato de Turismo del Ayuntamiento de Madrid. La oferta es más que atractiva, ya que permite degustar menús de restaurantes de vanguardia y donar 1€ a una causa solidaria.

Entre los restaurantes que nos gustan y que participan en la reunión de este año se encuentran:

Os animamos a todos los que podáis a disfrutar de la MRW 2011. ¡Avisad si venís! ¡Nos vemos en Madrid!



MADRID RESTAURANT WEEK 2011

Madrid, del 4 al 13 de noviembre

domingo, 30 de octubre de 2011

El tour suizo

Aprovechando el puente de primero de noviembre, desde Charlas entre amigos hemos hecho nuestro particular tour suizo. En realidad, ha sido sólo parte del grupo, porque la otra mitad, la mitad indispensable, ha hecho lo propio en un fin de semana en Inglaterra (seguro que nos cuentan algo pronto). En todo caso, Charlas estaba entre nosotros y por ello es imprescindible comentar en un particular "dos en uno", dos de los restaurantes que hemos visitado.

El primero de ellos es la Cave Valaisanne. Era una opción lógica. ¿Qué espera uno encontrar en Suiza? Los Alpes, relojes, navajas, chocolates, banca de inversión, las Naciones Unidas, el Movimiento Olímpico, la UEFA... Sí, claro, todo eso, y aparte de eso, queso. El paso por una fromagerie era necesario. Por otro lado, últimamente va siendo costumbre, no hay más que ver una de las entradas anteriores del blog recordando nuestro paso por el Poncelet Cheese Bar.


Nuestro cicerone particular en Ginebra, a quien tanto agradecemos su hospitalidad y buenas recomendaciones, nos llevó a comer a la Cave. Se trata del típico restaurante suizo donde comer el también típico queso raclette, originario del cantón de Valais. El día había sido largo. Habíamos recorrido gran parte del lago Lehman, desde Ginebra hasta Montreux, pasando por Laussane y los valles de vides de Chexbres. Nos merecíamos una cena copiosa y nos dispusimos a ello. El menú fue sencillo:

Para compartir:
  • Fondue de queso con tomate (es importante reseñar la cantidad, "para dos"*).
  • 2 raclettes.
  • Tortilla de patata. 
Postres:
  • Tarta de pera.
  • Tarta de manzana.
  • Crème brûlée. 
*Si en Suiza pides "para dos", te traen dos tenedores. No deja de ser lógico y sin embargo sorprendente que se enfaden por pedir más. Los cinco queríamos probar la fondue...

Tras la cena, la evaluación estaba clara: La selección tanto de sitio, menú y cantidad de las raciones fue la acertada. Entre las sorpresas de los platos, nos gustó mucho el particular gusto que le daba el tomate a la fondue y lo original (por extraño) de la tortilla de patata sin huevo. Algunos dicen que ya la habían probado en algún restaurante de Barcelona.
Como anécdota del restaurante, el particular trato que recibimos de un camarero al que en principio creímos extremeño, luego portugués, y que acabó siendo gallego y mereciéndose una propina que durante gran parte de la cena creímos inmerecida. El precio, por cierto, no fue caro, y el queso nos llenó de fuerzas y pudimos continuar la noche en busca (fallida) del Gin en Ginebra.


CAVE VALAISANNE CHALET SUISSE

Boulevard Georges-Favon 23
1204 Genève, Suisse
Teléfono 022 328 12 36
www.chaletswiss.ch

Tras la experiencia en la Cave Valaisanne teníamos un punto pendiente. Se nos había resistido las noches del viernes y del sábado debido a que no habíamos reservado y estaban completos. El sitio prometía. Nuestro cicerone nos había hablado de las mejores hamburguesas de Ginebra y no se equivocaba. Teníamos que ir. Nos lo propusimos. Fuimos. Fue el domingo a modo de despedida y nos encantó.

¿Cuál era el sitio? Le Calamar. Se trata de un restaurante especializado en hamburguesas que recientemente sufrió un incendio y acababa de reabrir. Está encuadrado en una zona de ambiente joven y universitario. Cinco hombres hambrientos de hamburguesas tras caminar sin rumbo fijo y sin cesar por las calles de Ginebra. Hambre para comer la hamburguesa que se ve en la fotografía. Primero, eso sí, ensalada con mostaza de Dijon para purgar y abrir camino a la carne: Ternera (para algunos doble), queso, bacon y una salsa especial marca de la casa.


Hubiéramos querido repetir y lo habríamos hecho de no ser porque la agenda de lo que quedaba de domingo estaba muy apretada. Aún nos quedaba por ver el casco antiguo de la ciudad, pasar por el hotel y tomar el tren de camino al aeropuerto. Si tan sólo hubiéramos sabido que el avión salía con retraso quizás algún valiente habría repetido. Nos queda pendiente un nuevo viaje a Suiza para conocer la otra mitad del país, pero quién sabe, si volvemos a Ginebra seguro que repetimos.


LE CALAMAR

Boulevard Carl-Vogt 91
1205 Genève, Suisse
Teléfono 022 321 63 77
www.lecalamar.ch

lunes, 10 de octubre de 2011

Pez Vela

Charlas entre amigos está en movimiento. La mayoría de las veces nos reunimos en Madrid o Barcelona. En esta ocasión, la entrada del blog hace referencia a una comida (o merienda) en la Ciudad Condal.

Siempre con secretos y misterios, nuestros amigos de Barcelona supieron mantener la tensión del sitio donde iríamos a comer en una magnífica mañana de octubre. Como siempre, el sitio es lo de menos; lo más importante es la compañía. Sin embargo, cuando se logra aunar ambos puntos la experiencia es más que positiva. Así lo fue una vez se desveló el misterio: El restaurante donde comeríamos era el Pez Vela. Un par de pistas dadas "sin querer" y tres coches dirigiéndose hacia el imponente Hotel W no podían llevarnos a otro sitio.

Pez Vela nos apetecía mucho. Las referencias del restaurante no pueden ser mejores. Sus fundadores Rosa María Esteva y Tomás Tarruella han logrado montar un grupo de restauración (Grupo Tragaluz) que destaca por la innovación en su puesta en escena, en este caso la de un chiringuito. Hace poco, además, lo pudimos comprobar en el Negro-Rojo y en esta ocasión lo hicimos en el Pez Vela.


La reserva era a las cuatro. Veníamos de un opíparo y deseado almuerzo en la Taberna de la Companyia d'Alella, por lo que podían más nuestras ganas de sentarnos juntos alrededor de una mesa que nuestro hambre. Sea como fuere, hicimos hambre dando una vuelta por el paseo mientras nos preparaban la mesa. A pesar de que este año el verano se ha prolongado mucho, éste se acaba y, aunque fugazmente, pisar la playa por última vez te lleva a recordar las vacaciones y pensar que las próximas están más cerca. Pisamos la arena durante la espera y nos hicimos la última foto de grupo en la que salimos relativamente morenos antes de entrar en el otoño.

Acudimos al restaurante y la espera se prolongó quizás más de lo que hubiéramos deseado. Mientras, veíamos pasar grandes sartenes con diversos arroces. Sí, necesitábamos comer, no hartarnos, pero comer. La espera mereció la pena y nos ubicaron en una de las mesas que da al mar. Buena música, buen ambiente y buena gente. Un par de aperitivos ligeros y dos arroceras: Una de arroz negro y otra de arroz abanda, riquísimas y sabrosísimas ambas. En cualquier otro momento podrían haber sido escasas, pero nos parecieron muy proporcionadas al almuerzo que habíamos hecho apenas dos horas antes.


Hubiésemos querido no tener que levantarnos de la mesa. Quedarnos en Barcelona al menos un día más, hasta el lunes. Yo lo podría haber hecho porque, sin querer, tenía billete para el 10... Pero la obligación llama. Teníamos que volver. Pero como todo es cíclico, algún día, más pronto que tarde, también volveremos a al Masnou y a Vilassar, iremos a Barcelona y pasearemos por el puerto. No sé si volveremos pronto al Pez Vela, pero seguro que probaremos más restaurantes del Grupo Tragaluz.


PEZ VELA

Paseo del Mare Nostrum 19/21
(bajos del Hotel W, "Hotel Vela")
Barcelona
Teléfono 932 216 317
www.grupotragaluz.com/rest-pezvela.php

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Poncelet Cheese Bar

Tras las vacaciones en Menorca, el grupo de Charlas entre amigos ha vuelto a reunirse. Ha pasado cierto tiempo, pero eso no ha hecho sino que nos veamos con más ganas. En este caso, hemos compartido mesa y mantel (de papel) el núcleo originario de la MAD-BCN Connection y el propio Charlas. En una especie de simbiosis grupal, nos reunimos en el Poncelet Cheese Bar de Madrid.

Hacía tiempo que Charlas quería ir a comer al Cheese Bar, estaba en sus "To do's". Yo lo había visto en el típico programa de nuevos restaurantes originales que descubren reporteros callejeros con cámara al hombro y Pati había leído una buena referencia en la típica revista que lee en los trayectos de AVE entre Barcelona y Madrid. Charlas reservó y me comunicó fecha y hora. Supe guardar el secreto para Pati y, tras una simple pista sobre "qué-sería" el restaurante donde íbamos a cenar, llegamos a la "quesería" de José Abascal.

Evidentemente, la primera percepción sobre el local no es visual, sino olfativa. Cientos de olores a queso poniendo a prueba a nuestras glándulas pituitarias. Es lo que se espera de un restaurante especializado en quesos. En aquel momento, mi nariz no sabía más que distinguir entre "olor fuerte" y "olor suave". Y el olor era fuerte, rocheforts y cabrales se habrían paso. A cada instante que pasaba, en todo caso, ese olor fuerte se transformaba en otro más suave, y lo que es más importante, en un olor que levantaba el hambre.

Una vez sentados, nos trajeron la carta. La verdad es que más que una carta parecía una enciclopedia. La Larousse podría decirse, por aquello de la inspiración francesa. Raclettes, fondues y mil posibilidades para escoger la tabla de quesos personalizada inundaban la carta (quizás demasiado extensa y poco manejable). También algún plato "anti-queso" para no saturarse de lácteos si uno así lo decide.

Nos costó elegir, quizás abrumados ante tanta variedad de quesos: Un par de entrantes para compartir con el queso como invitado y una tabla de quesos graduada de suaves a fuertes para poder probar diferentes sabores. Parecía una elección lógica y como cena estuvo más que equilibrada. El servicio se demoró un poco, quizás porque parecían un tanto desbordados, pero siempre fue correcto. En el momento de servir la tabla de quesos, uno de los profesionales del local nos explicó uno a uno el origen de los quesos que íbamos a degustar y nos recomendó cómo tomarlos. Quizás lo hizo de manera apresurada, pero se agradece el detalle y, sobre todo, que deje en la mesa el resumen de lo que ha contado en una hoja.



Nos tomamos nuestro tiempo en probar todos y cada uno de los quesos que nos habían servido: "De vaca de leche", "de leche de vaca", "de oveja", "de cabra"... El tiempo que nos dimos fue en parte para degustarlos y en parte por disfrutar de el evento que se convirtió en la anécdota de la jornada. Parte del equipo de La Noria y demás amigos celebraban una fiesta de cumpleaños. Nos tuvieron entretenidos toda la noche pensando "¿Y éste quién es?", "¿Cómo se llamaba ella?" y preguntas similares. Eran un grupo grande y sin duda lo pasaron. Nosotros también como espectadores.

Así, entre espectáculo y espectáculo, llegaron los postres sin sorpresas: Tarta de queso. Y sin solución de continuidad, sin café, copa y puro, llegó la cuenta y nos volvimos a casa, cada uno pensando en sus quehaceres del día siguiente: Apertura de tienda, viaje a Zamora o Zaragoza y madrugón para ir al cliente. Lo pasamos bien. Las reuniones entre semana de Charlas entre amigos son como un oasis en el desierto: Nos ponemos al día, comemos bien y lo pasamos mejor.

Con todo, el Poncelet Cheese Bar es, sin duda, un restaurante digno de visitar. Quizás no todos los meses, pero sí de vez en cuando. Tiene una carta amplia y por ello es recomendable dejarse asesorar. No es barato, pero la puesta en escena merece la pena. Al principio choca un poco que sea tan moderno, pero uno enseguida se acostumbra. Eso sí, como dice un amigo mío francés al que recomendé el local: "Que te quieran cobrar el pan en un restaurante de quesos es un insulto. Esto no pasaría en Francia". Volveremos quizás con él y con reserva anticipada, ya que el restaurante se llena casi cualquier noche de la semana.


PONCELET CHEESE BAR

José Abascal, 61
Madrid
Teléfono 913 992 550
www.ponceletcheesebar.es

lunes, 29 de agosto de 2011

Café Oliver

¿A quién le apetece madrugar un domingo? No hace falta trasnochar mucho el sábado por la noche para querer vaguear un rato en la cama. No, no a mucha gente le gusta madrugar. Entonces, cuando finalmente decides levantarte a eso de las 12, ¿desayunas o esperas a la hora de comer? Desde hace tiempo en el Café Oliver de Madrid, ni lo uno ni lo otro, te vas de brunch.


De brunch nos fuimos el último domingo de vacaciones el grupo de Charlas entre amigos. Nos faltaba, eso sí, Charlas, el original. El lugar no podía ser otro que el Café Oliver, uno de los restaurantes de Madrid con más tradición de brunch, "pioneros" en traer a la capital esta tradición anglosajona, según dicen en su web.

La verdad, no fue un plan improvisado. Los que ya conocíamos el café sabíamos que no debíamos cenar mucho la noche anterior. Sin embargo, uno de los nuestros estuvo cerca de cometer una locura. A punto estuvo de comprar un kebab la madrugada anterior. Menos mal que no fue así. En el turco acababan de desmontar el torno vertical. El brunch del domingo fue sólo novedad precisamente para él. Evidentemente quedó muy sorprendido e incluso aliviado por la locura que no cometió la noche anterior, al ver la carta que el Café Oliver sirve cada domingo:

Entrantes:
- Zumo natural (de temporada, en este caso había de naranja o de sandía/melón)
- Bebida caliente (café, té o chocolate)
- Bollería casera (normalmente sirve croissant y napolitana de chocolate)
- Pan con mantequilla y mermelada
- Actimel

Primero a elegir entre:
- Huevos Benedictine
- Revueltos con queso y hierbas
- Huevos fritos con bacon


Principal a elegir entre:
- Ensalada Caesar
- Cheeseburguer
- Pancakes con sirope de savia de arce
- Ensalada Tropical

Todo lo anterior se sirve a un precio de 25€ por persona. Refrescos y demás se cobran aparte.

Entre los cuatro probamos prácticamente todo y todo nos gustó. No es que fuesen la mejor hamburguesa ni las mejores tortitas, pero se nota el oficio que tienen sirviendo el brunch y el local de la calle Almirante es muy especial. La única pega, que el éxito del Café Oliver hace que la cola para hacer brunch no deje de crecer ni en pleno mes de agosto. Una vez acabamos nuestro menú nos despacharon rápida pero educadamente.

Volveremos seguro, pero antes tenemos que conocer nuevos sitios de brunch, esta vez en Barcelona.

Os dejo los detalles de contacto de Café Oliver para que los podáis consultar:


CAFé OLIVER MADRID

Almirante, 12
Madrid
Teléfono 915 217 379
www.cafeoliver.com